sábado, 4 de diciembre de 2010

INDICE DE BULLYING, por Juanjo Becerra

Expertos universitarios denuncian la deficiente formación del profesorado
Muchos docentes no están capacitados para afrontar retos pedagógicos como la multiculturalidad, el fracaso y el acoso escolar. El Ministerio de Educación tiene parado desde hace un año el máster que permitirá ejercer en secundaria.

JUANJO BECERRA
"Se ríen de mí cuando me equivoco, se meten conmigo por mi forma de ser o por mi apariencia física, me chillan y me pegan collejas, puñetazos y patadas". Imaginen a un niño de siete años dando testimonio de la humillación que se lleva en la mochila después de un simple día de clase en el colegio.

LAS CIFRAS
Ésa es la realidad cotidiana del acoso y la violencia escolar, un fenómeno en el que caben las pequeñas y grandes crueldades de los niños, las agresiones sistemáticas y los trastornos clínicos graves. Según revelaba el 'Informe Cisneros X' (ICX), elaborado por el profesor de la Universidad de Alcalá (UAH) Iñaki Piñuel, esa heterogénea realidad representa un 23,4% del total de alumnos matriculados entre segundo de primaria y primero de bachillerato. Un estudio internacional realizado bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud en 32 países cifraba las víctimas españolas de 'bullying' entre los 11 y los 18 años en un 24,8% , una cifra alta, aunque menor que la de EEUU, Francia, Alemania e Inglaterra.

En cualquier caso, dentro del 23,4% del ICX caben todos los matices del gris. El negro más turbio es que un 53,6% presenta síntomas de estrés postraumático.

Más cerca del blanco, un 55,5% de los 5.804 acosados reconoció haber sido, a su vez, victimario de terceros niños; o que las conductas más graves no son tan prevalentes. Por ejemplo, a un 4% de los encuestados le habían propinado collejas, puñetazos y patadas, a un 5% le habían chillado, a un 3% le habían robado sus cosas y un 3,52% denunció que se metían con él o ella para hacerle llorar. Además, el acoso y la violencia escolar se distribuyen de un modo muy desigual a lo largo del sistema educativo no universitario. Así, el porcentaje de víctimas es del 43,6% en tercero de primaria, pero desciende hasta un 10% en cuarto de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO).

Este último dato demuestra que, aunque es conveniente activar todas las alarmas sociales y educativas frente a este fenómeno, también conocido como 'bullying', no conviene desestimar el potencial socializador de las escuelas.

«Lo importante no es la cifra de víctimas, sino identificar a los niños cuya salud está en riesgo por la existencia de un maltrato», destaca Piñuel. «No debemos esperar a historias como la de Jokin (el niño víctima de 'bullying' que se suicidó en el País Vasco) para reconocer que estamos ante un ejemplo de acoso».

«Una de las circunstancias más interesantes que pone de relieve el Cisneros X es que el número de acosadores frecuentes va creciendo con los años porque no se toman medidas en edades tempranas», denuncia este experto de la UAH.

«Los niños aprenden una forma de relación con los demás tóxica y depredadora que se va consolidando», añade. Las cifras apuntan a que el paso por el sistema educativo transforma el «todos contra todos» de primaria en el «todos contra uno» que se detecta en ESO, lo que explicaría la reducción del número de víctimas en ese segundo tramo de la enseñanza no universitaria.

El pasado mes de febrero, el Defensor del Pueblo presentó un informe con el que pretendía actualizar los datos de otro similar publicado en 2000 sobre el 'bullying.' Tras encuestar a 3000 alumnos de 600 centros de secundaria en el curso 2005-2006, se concluyó que el porcentaje de víctimas que declararon ser ignoradas por sus compañeros había pasado del 15,1% al 10,5% en esos seis años; las que habían sufrido insultos, del 39,1% al 27,1%; los amenazados, del 9,8% al 6,4% y los sexualmente acosados, del 2% al 0,9%. Bien es cierto que la reducción se produjo, principalmente, entre quienes habían sufrido estas conductas de forma esporádica, más que frecuente.

PROFESORADO
Cifras al margen, el problema es que el acoso y la violencia escolar se suman a otros retos pedagógicos como la multiculturalidad, la elevada tasa de fracaso académico, la crisis de valores... y que, según los expertos universitarios en estas materias, los docentes de los colegios e institutos no están preparados para afrontarlos.

«Claramente, el profesorado no está bien formado», denuncia Salvador Peiro, profesor de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad de Alicante. «Recibe muchas nociones sobre sus especialidades, pero no de los aspectos procedimentales, como enseñar normas y valores, pasar de la instrucción a la formación...», señala.

Expulsar a un niño al pasillo y emplear el castigo colectivo son, a su juicio, ejemplos de prácticas que han demostrado ser contraproducentes y que, sin embargo, se siguen empleando.

María Victoria Trianes, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Málaga, matiza algo más su valoración de los docentes. «A diferencia de los alumnos de Magisterio, los que llegan a la docencia a través del Curso de Adaptación Pedagógica (CAP) tienen más dificultades, pero hacen un esfuerzo por apuntarse a cursos de formación, jornadas, talleres...», comenta. Con la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, la pasarela hacia las aulas que representa el CAP para cualquier licenciado se iba a sustituir por un máster de 60 créditos. De estos, 30 se dedicaban a materias pedagógicas como Aprendizaje y desarrollo de la personalidad, Procesos y contextos educativos y Sociedad, familia y educación.

La profesión de maestro es la única que está regulada exclusivamente por el Ministerio de Educación (MEC), por lo que sólo es necesario que se pongan de acuerdo la Dirección General de Universidades y la Secretaría General de Educación para aprobar el máster, circunstancia que ya se dio hace un año, lo que permitió trasladarlo al Consejo de Coordinación como paso previo a su aprobación como decreto.

OBSERVATORIO
Sin embargo, el equipo que llegó al MEC de la mano de Mercedes Cabrera frenó en seco la aprobación de este documento para no adelantar la controversia sobre las profesiones reguladas. «Estamos en conversaciones con el otro lado del Ministerio para decidir cómo debe ser la formación de un profesor», comentó la pasada semana Miguel Ángel Quintanilla, secretario de Estado de Universidades, en la Comisión de Educación del Congreso.

El Ministerio sí ha creado (el correspondiente real decreto se publicó el pasado jueves) un Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar a semejanza de los que ya existen en algunas comunidades. Este órgano contará con medio centenar de miembros, de los cuales ocho podrán ser «personalidades de reconocido prestigio entre especialistas que hayan trabajado en convivencia escolar».

Trianes y Peiro podrían estar entre ellos. También Rosaura González, profesora de Psicología Social de la Universidad de La Laguna, que está desarrollando un programa de prevención de la violencia escolar para las administraciones canarias. En su opinión, la alarma que activan los medios cada vez que se conoce un caso grave «no es buena, porque genera inseguridad en el profesorado y en el alumnado», así que aboga por «tratarlo con serenidad».

POLÍTICA INTEGRAL
Eso sí, hay que tomar cartas en el asunto. Aunque «no hay estadísticas fiables para demostrar una evolución negativa», González cree que «los indicadores sí apuntan a que no tendremos motivos para ser optimistas si no hacemos nada».

Según su criterio, cuando se toman medidas «se transmite al alumnado la idea de que es algo normal», por lo que reclama «una política integral de todas las administraciones que reduzca los riesgos» que hay en el mundo familiar y comunitario. «Los cambios acelerados provocan que los jóvenes no acepten los valores de sus padres y busquen en los medios y en sus iguales para decidir cómo quieren ser», explica.

Trianes, por su parte, opina que «la violencia depende del clima social en el aula y se puede prevenir formando a los niños en habilidades de competencia social como respetar al otro, pedir turnos, resolver los conflictos por consenso... y pidiéndoles su compromiso para desterrar la agresividad». No obstante, aclara que los riesgos «son una suma de vulnerabilidades: la familia que no atiende, el chico que se une a pandillas, el fracaso escolar y el colegio que no sabe resolver todo eso».

En ese sentido, dice que en nuestra sociedad «se ha liberalizado bastante la respuesta violenta y se han eliminado controles sociales, morales e incluso religiosos». «Si observas a amigos de 15 y 16 años te das cuenta de que se relacionan pegándose e insultándose, sin ningún contenido de agresión», ejemplifica.

martes, 23 de noviembre de 2010

INQUIETUD

¿Nos hemos parado a pensar alguna vez si la forma de relacionarse que tienen los adolescentes y escolares, donde se han saltado valores fundamentales de la relaciones de compañeros, han podido llegar al “Acoso Escolar” como una manera más de diversión?

OS INVITO A TODOS A QUE PARTICIPEIS Y COMENTEIS LO QUE ESTAIS PENSANDO

lunes, 22 de noviembre de 2010

LOS ADOLESCENTES Y SUS FORMAS DE COMUNICACIÓN

Para la sociedad, la juventud es una etapa de transición entre la edad de la infancia y la adultez, pero para los jóvenes el mundo está anclado en su presente y lo más importante es vivir lo mejor posible el momento actual.

La juventud no está agrupada solo por la edad sino por formas de pensar y sentir parecidas, donde se encuentra una gran diversidad de culturas, consumos y formas de vida adolescente a las que llamamos “tribus urbanas” o “mundos sociales”.

Los jóvenes que habitan el mundo complejo y cambiante de hoy, se organizan en espacios propios donde se acepte la diversidad de formas de expresarse y comunicarse.

Una buena parte de ellos se incorporan a las exigencias de hoy y se integran en ámbitos sociales y públicos.

Con respecto a otros grupos de adolescentes, se los ve como más rebeldes y revoltosos, estos son los llamados grupos alternativos o disidentes que suelen sentir placer en transgredir las normas sociales y son propensos a crean sus propias formas de cultura.

La psicología de estos tiempos, nos invita a pensar a los jóvenes, como sujetos con múltiples competencias y con un discurso propio. La forma de comunicación que tienen entre ellos es variada y distinta a lo que estamos acostumbrados los adultos.

Los nuevos estilos o formas de comunicación son una fuente inagotable que va produciendo y construyendo la subjetividad del joven.

La comunicación entre las personas hasta no hace mucho tiempo atrás era codificada y con un sentido real, esto quiere decir, en espacio y tiempo real. Existían códigos compartidos entre los jóvenes y entre ellos y los adultos. Una característica de este tipo de comunicación era la necesidad de estar atento y concentrado. Para comunicar “algo” había que pensar y memorizar.

Hoy en día la comunicación no necesariamente es codificada, hay una comunidad virtual además de la real, se comparte infinidad de información en la red, se habla de una subjetividad mediática sin códigos compartidos, hay una falta de diálogo cara a cara. Recibimos infinidad de información a través de las nuevas tecnologías y no toda la llegamos a procesar internamente.

Hacemos zapping, consumiendo una gran diversidad de estímulos visuales y auditivos. Esta saturación de información puede producir en el adolescente, una sensación de vacío que termina en estados de aburrimiento y desconcentración.

Los adultos, y mucho escuchamos esto en las escuelas, reniegan acerca de la escasa lectura y escritura que realizan los adolescentes. Sería importante que los padres y docentes expresen su gusto por leer y escribir y se lo puedan transmitir a los jóvenes. Si en el hogar el joven observa la presencia de libros y diarios puede ser que en algún momento se interese por esto.

Por otra parte, no es cierto que los adolescentes lean o escriban poco, sino que algunos se refugian en libros y otros lo hacen en forma más placentera fuera de la escuela y con medios diferentes a las que estamos acostumbrados los adultos.

Una de las formas más comunes y tradicionales de escribir en estos momentos de la vida, es a través del diario íntimo. Lo que hace atractivo al diario íntimo es que el dueño del mismo es autor y en secreto va plasmando los cambios y experiencias de vida que va experimentando y vivenciando.

Al escribir poemas de amor, canciones, cartas, la escritura adquiere un sentido de propiedad privada y se convierte en una actividad más entretenida.

Otra forma de escribir es en la pantalla de la computadora estando conectado a la red. A veces se completa la escritura con la utilización de “emoticones” que son una especie de dibujitos animados que expresan distintos estados de ánimo.

Muchas veces cuando los adolescentes no desean quedar expuestos a la comunidad cibernética, sus escritos son ocultos detrás de un seudónimo.

En estos momentos los jóvenes están creando sitios en Internet como el Blog, el Fotolog y el Facebook. Estos son sitios en Internet que se actualizan periódicamente, donde se escriben artículos, hay comentarios, se elevan fotos y se conversa sincrónicamente a través del chat o asincrónicamente a través de correo electrónico o comentarios que acompañan siempre a la imagen.

El chatear es una comunicación escrita entre dos o más personas en la web.

Los SMS son mensajes cortos donde los adolescentes crean su propio lenguaje, los e-mails, los foros o lugares de discusión en internet, juegos en línea o multiplayer, y el You Tube donde los jóvenes suben, ven y comparten filmaciones, música y videos. Estas son las formas más frecuentes de comunicación que tienen hoy los adolescentes.

Algunos grupos de adolescentes inventan lugares y estilos nuevos de escritura, como lo son los Pichacoes, que son escrituras con manchas de alquitrán que combinan formas de pictograma, ideograma y escritura alfabética. Se exhiben en lugares públicos pero se trata de mantener escondido lo que se quiere expresar porque es un mensaje que tiene que ser descifrado por los distintos grupos que forman un mismo tipo de tribu urbana.




El pichar es un trabajo, una ocupación, una forma de ocupar el tiempo. Se realizan con trazos fuertes, gruesos e indelebles con aerosoles. Son coloridos e imitan a la escritura en cursiva, son firmados por el grupo que los realiza. Son mensajes secretos entre grupos. Se realizan en lugares peligrosos de difícil acceso como túneles por donde pasa el tren, en alturas como en tanques de agua o terrazas de edificios.
Hay otro tipo de expresiones a través de lo psicomotriz, que algunos adolescentes utilizan como lo son los llamados “exploradores urbanos” quienes van deambulando por las calles, de día y de noche como una forma de elaborar el alejarse de su casa y “conquistar nuevos espacios”.
Los flashmobs, que etimológicamente significa multitud relámpago, es un grupo de personas que se reúnen en lugares públicos para hacer algo inusual y se dispersan rápidamente como lo fueron la guerra de almohadas, el desmayo masivo o la fiesta silenciosa donde cada adolescente bailaba con su mp3, sin compartir la música con los demás.
El parkour es otra forma de comunicación o actividad del joven en la cuál se desplazan de un lado al otro de la ciudad, superando los obstáculos que presenta la misma solo con el cuerpo. El objetivo de esta actividad es la superación personal.
En las escuelas secundarias hoy en día suele aparecer el llamado bullying. Podemos definir al hostigamiento o bullying como al comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un sujeto hacia otro que es considerado como víctima. Para que sea considerado conducta de hostigamiento o no un simple conflicto que se resuelve en grupo prontamente, deben darse las siguientes condiciones: las agresiones deben producirse sobre una persona en forma reiterada y durante un tiempo prolongado; el agresor debe establecer una relación de dominio- sumisión sobre la víctima y la agresión supone un dolor en forma sostenida ya que se crea en la víctima la expectativa de ser blanco de futuros ataques. El hostigamiento puede físico, verbal o social.
Se entiende por ciberbullying a la continuación del hostigamiento de un sujeto o grupo a otro sujeto a través de la Internet.
Esta diversidad de formas de expresión en lenguaje lecto escrito y corporal de los adolescentes, nos invita a profesores y psicopedagogos a escuchar, preguntar y tratar de comprender su cultura.
Con respecto a las formas violentas y discriminatorias de conducirse algunos grupos de jóvenes, se podría trabajar esas temáticas como forma preventiva en las aulas, con aquellos sujetos que todavía hoy en día apuestan a su educación.

EL ACOSO ESCOLAR

       Aunque el acoso escolar ha existido siempre, en los últimos tiempos se le presta mayor atención y ha pasado de ser un tema tabú a un problema del que se habla abiertamente. También las alarmantes cifras de incidencia lo han convertido en materia de investigación. El mayor informe realizado hasta la fecha en España es el Informe Cisneros X (2007), que concluye que el 24% de los escolares españoles sufre acoso escolar y que es en los últimos cursos de educación primaria donde las tasas se incrementan.
       A veces se dan algunas ideas erróneas que podrían llevar a minimizar este problema: “Es una forma de que espabilen los niños”, “hay que resignarse, no se puede hacer nada”,”el pequeño tiene que aprender a defenderse por si mismo”.
     Se considera acoso escolar al maltrato tanto físico como verbal que recibe un niño por parte de uno o más compañeros y se manifiesta con conductas dirigidas a aislar, excluir, amenazar o intimidar a la víctima, u obtener algo de ella. Toda conducta de acoso atenta contra los derechos fundamentales de las personas.
       Al hablar de acoso no sólo nos referimos a la agresión física, sino también al daño psicológico ocasionado por conductas de menosprecio, insultos, exclusión del grupo, falta de respeto o manipulación.
El acosado
       No hay un perfil definido de la víctima. Cualquier niño o niña puede sufrir acoso escolar porque no hay razones objetivas que lo justifiquen. Las causas pueden se muy diversas: llevar gafas, ser el más gordo, aprobar todo, llegar tarde a clase, faltar a menudo o ser bajito.
       Pero lo que sí podemos hacer es identificar algunas razones que la víctima permanezca en esa situación durante determinado tiempo: carece de apoyo de otros compañeros o de los profesores, que desconocen lo que está pasando, se culpa a sí misma de las agresiones o es tímida y  no busca ayuda.
     La mayoría de las veces, los compañeros de los acosados los perciben como niños introvertidos y sin habilidades sociales básicas.
       Si el acoso se mantiene en el tiempo, las víctimas pueden manifestar afectos negativos tales como disminución de la autoestima, ansiedad, estrés postraumático, estados depresivos, somatizaciones, disminución del rendimiento escolar o falta de concentración.
El acosador
        Más del doble de los acosadores son varones. El agresor suele ser un compañero de clase de la víctima y no actúa solo, sino respaldado por un grupo de compañeros que apoyan, participan o permiten las agresiones.
         Los acosadores suelen se niños violentos, dominantes, con baja tolerancia a la frustración, extrovertidos, impulsivos, que quieren obtener sus objetivos de inmediatos, carecen de empatía y no se arrepienten de sus actos.
         La ausencia de límites en casa suele se una característica común a muchos acosadores, así como el haber aprendido a utilizar la agresión física o psicológica como forma de solucionar conflictos.
         Las razones que dan los agresores para justificarse van desde haber sido provocados o querer gastar una broma a haber actuado por envidia o simplemente querer molestar. Existen casos en los que la agresión es una forma de hacerse notar o ganarse el respeto del grupo. Los niños acosadores tienen una baja autoestima y un pobre autoconcepto.
         Detrás de la agresiones que levan a cabo suele esconderse una fuerte inseguridad, y la violencia o la agresividad es el escudo para no dejar al descubrimiento este sentimiento.