Aunque el acoso escolar ha existido siempre, en los últimos tiempos se le presta mayor atención y ha pasado de ser un tema tabú a un problema del que se habla abiertamente. También las alarmantes cifras de incidencia lo han convertido en materia de investigación. El mayor informe realizado hasta la fecha en España es el Informe Cisneros X (2007), que concluye que el 24% de los escolares españoles sufre acoso escolar y que es en los últimos cursos de educación primaria donde las tasas se incrementan.
A veces se dan algunas ideas erróneas que podrían llevar a minimizar este problema: “Es una forma de que espabilen los niños”, “hay que resignarse, no se puede hacer nada”,”el pequeño tiene que aprender a defenderse por si mismo”.
Se considera acoso escolar al maltrato tanto físico como verbal que recibe un niño por parte de uno o más compañeros y se manifiesta con conductas dirigidas a aislar, excluir, amenazar o intimidar a la víctima, u obtener algo de ella. Toda conducta de acoso atenta contra los derechos fundamentales de las personas.
Al hablar de acoso no sólo nos referimos a la agresión física, sino también al daño psicológico ocasionado por conductas de menosprecio, insultos, exclusión del grupo, falta de respeto o manipulación.
El acosado
No hay un perfil definido de la víctima. Cualquier niño o niña puede sufrir acoso escolar porque no hay razones objetivas que lo justifiquen. Las causas pueden se muy diversas: llevar gafas, ser el más gordo, aprobar todo, llegar tarde a clase, faltar a menudo o ser bajito.
Pero lo que sí podemos hacer es identificar algunas razones que la víctima permanezca en esa situación durante determinado tiempo: carece de apoyo de otros compañeros o de los profesores, que desconocen lo que está pasando, se culpa a sí misma de las agresiones o es tímida y no busca ayuda.
La mayoría de las veces, los compañeros de los acosados los perciben como niños introvertidos y sin habilidades sociales básicas.
Si el acoso se mantiene en el tiempo, las víctimas pueden manifestar afectos negativos tales como disminución de la autoestima, ansiedad, estrés postraumático, estados depresivos, somatizaciones, disminución del rendimiento escolar o falta de concentración.
El acosador
Más del doble de los acosadores son varones. El agresor suele ser un compañero de clase de la víctima y no actúa solo, sino respaldado por un grupo de compañeros que apoyan, participan o permiten las agresiones.
Los acosadores suelen se niños violentos, dominantes, con baja tolerancia a la frustración, extrovertidos, impulsivos, que quieren obtener sus objetivos de inmediatos, carecen de empatía y no se arrepienten de sus actos.
La ausencia de límites en casa suele se una característica común a muchos acosadores, así como el haber aprendido a utilizar la agresión física o psicológica como forma de solucionar conflictos.
Las razones que dan los agresores para justificarse van desde haber sido provocados o querer gastar una broma a haber actuado por envidia o simplemente querer molestar. Existen casos en los que la agresión es una forma de hacerse notar o ganarse el respeto del grupo. Los niños acosadores tienen una baja autoestima y un pobre autoconcepto.
Detrás de la agresiones que levan a cabo suele esconderse una fuerte inseguridad, y la violencia o la agresividad es el escudo para no dejar al descubrimiento este sentimiento.
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